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“DANIEL SE QUEDA”, LA DANZA MACABRA DEL FSLN

Columnas

Las imágenes quedarán para la historia. Paramilitares y agentes policiales bailando después de matar a decenas de personas en sus tristemente célebres operaciones limpieza. Las escenas son chocantes y salieron a luz en la segunda semana de julio, previo al 39 aniversario de la Revolución Sandinista.

La canción que bailan es “Daniel se queda”, una cumbia pegajosa compuesta por el mariachi Azucena, originario del departamento de Boaco. Es una oda al dictador Daniel Ortega, con la cual sus fanáticos tratan de dejar claro que aunque todo el país le pide su renuncia, este “se queda porque se queda”.

Nicaragua entera se vio horrorizada cuando ellos mismos se filmaban bailando, cantando y blandiendo sus armas de guerra en señal de victoria.

Apareció un video, luego otro, luego otro y otro y otro. De repente, se vio también a periodistas-propagandistas del gobierno y a trabajadores del Estado subiendo en las redes sociales la danza macabra.

Todos estos videos se han hecho virales. Contrario a lo que piensan los adeptos de Daniel Ortega y Rosario Murillo, más por repudio que por festejo. El país nunca había visto eso. Ni siquiera en los tiempos de la dictadura de los somozas.

¿Qué que lectura se le puede dar a esto? Cualquiera pensaría que los videos son una orientación emanada desde arriba, entiéndase Rosario Murillo, la vicepresidenta y esposa de Daniel Ortega, pero no. Bajo una luz bien definida, no hay dudas de que ese bailecito no es más que fanatismo desmesurado, una fidelidad perruna. Todos sabíamos que en Nicaragua había mucha gente dispuesta a dar la vida por Daniel Ortega, sin embargo, nuestros ojos son testigos del resultado de un adoctrinamiento que viene forjándose desde hace muchísimos años, del cual no se han salvado ni analfabetos ni personas con una preparación académica de primer orden.

Es difícil no comparar esto con aquellas tenebrosas imágenes de la Libera de Charles Taylor o la Sierra Leona de Foday Sankoh, donde los asesinos de ambos genocidas africanos bailaban con correntadas de sangre bajo sus pies. En todo caso, en Nicaragua la degeneración política tocó fondo.

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