Los sacerdotes católicos que enfrentan al demonio en Nicaragua

A Fondo

Desde el 18 de abril Nicaragua padece una violenta crisis nunca antes vista en tiempos de paz. En el país reina el desempleo, la pobreza, la inseguridad y el desgobierno. Daniel Ortega y Rosario Murillo se han atrincherado en el poder de las armas ante el repudio de la inmensa mayoría de un pueblo que ha exigido su inmediata salida del poder.

A los reclamos populares, el gobierno sandinista ha respondido enviando matones y agentes policiales a las calles.

En medio de tanta desolación han surgido verdaderos héroes. No tienen fuerza sobrehumana más que la que les da Dios y sus únicas armas son sus palabras y su autoridad moral. Ellos son un grupo de sacerdotes de la iglesia católica que han auxiliado a los heridos en medio de balaceras, liberado a los presos y brindado la extrema unción a quienes han muerto.

La lista es extensa, pero algunos se han destacado por estar en las zonas más convulsas o bien porque al elevar su enérgica voz ante la masacre el FSLN los convirtió en sus enemigos.

Su papel es bien difícil, pues aparte de sufrir la barbarie junto al pueblo, los obispos de la Conferencia Episcopal también fungen como mediadores y garantes en el diálogo de la sociedad civil con el gobierno. Daniel Ortega descalificó el papel de los religiosos y el 19 de julio llegó a tacharlos de apañadores de ritos satánicos, terroristas y golpistas. Los sacerdotes ya habían convocado a los fieles a una jornada de exorcismo para el día siguiente.

Padre Edwin Román. Párroco de la Iglesia San Miguel, Masaya.

Uno de a los que más se le ha visto involucrado en su apostolado, ya que Masaya es una de las ciudades más castigada por la represión. “El gobierno se ha ensañado con Masaya”, aseguró al diario La Prensa. Ha narrado históricas crueles como las de Junior Gaitán, de 15 años, y Donald Ariel López, de 27 años, quienes el 2 de junio fueron ejecutados por agentes policiales luego de que habían sido capturados. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha solicitado al Estado de Nicaragua medidas cautelares a favor de él.

Padre Juan de Dios García. Párroco de la Iglesia Santiago, de Jinotepe.

El abrir las puertas de la iglesia Santiago a los jóvenes universitarios que protestaban contra el gobierno y sonar las campanas del templo cada vez que se los paramilitares realizaban la ciudad, le ha costado al padre García el repudio por parte del gobierno, además que el templo ha sido apedreado y rafagueado por la Policía y simpatizantes del Frente Sandinista. “Yo siempre estaré de parte de la justicia”, ha asegurado en reiteradas veces. El 9 de julio, luego de que el domingo los paramilitares masacraran a la población de Jinotepe, Diriamba y Dolores, las turbas del gobierno irrumpieron en el templo y agredieron verbal y físicamente a todos los sacerdotes que se encontraban ahí.

Monseñor Rolando Álvarez. Obispo de la Diócesis de Matagalpa.

Las amenazas le tienen sin cuidado y siempre luce enérgico en sus posiciones. Ha dicho que Nicaragua vive una noche oscura. Se le recuerda entre otras cosas porque el 16 de mayo, en la inauguración del diálogo nacional, puso en su lugar al todopoderoso comandante Bayardo Arce, asesor económico del gobierno. También debió calmar a los demonios en Sébaco cuando en esa ciudad el 14 de mayo se registraron fuertes enfrentamientos.

Cardenal Leopoldo Brenes. Arzobispo de Managua.

Su hablar pausado y su talante conciliador encierra grandes acciones, como la que encabezó junto a Monseñor Silvio Báez y el Nuncio Apostólico Waldemar Stanislaw Sommertag el 21 de junio en Masaya para evitar una masacre mayor cuando cientos de tropas especiales de la Policía y paramilitares fuertemente armados pretendían ingresar en Monimbó. El ataque cobró la vida de cuatro personas hasta que al mediodía ingresaron los sacerdotes. El sábado 23 de junio Brenes lanzó unos dardos que seguramente no cayeron muy bien en El Carmen, lugar de despacho de Daniel Ortega: “Instamos a las autoridades del Gobierno, al Presidente y sus colaboradores, al jefe de la Policía, a las personas que andan armadas a que no apunten sus armas para quitarle la vida a un hermano”. Basta ya de seguir profanando el Cuerpo de Cristo en cada nicaragüense que pierde la vida”, remató.

Monseñor Silvio Báez. Obispo Auxiliar de Managua.

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Es quizá el cura que con más fuerza ha enfrentando los desmanes del Gobierno, y lo hace no desde abril sino desde su llegada a Nicaragua en el 2009 cuando vio el rumbo que llevaba el país en materia de derechos sociales y políticos. Víctima de una campaña de desprestigio y amenazas, la CIDH también pidió medidas cautelares a su favor.

En noviembre del 2017 Daniel Ortega lo tildó de “bravucón”. Los fanáticos del gobierno, acérrimos enemigos de Báez, le atacan desde su cuenta Twitter, la red social que más usa para clamar por la paz y la justicia. Cuando el 21 de junio acompañó al Cardenal Brenes y al Nuncio a Masaya dejó plasmada varias palabras para la historia. En una plaza de Monimbó a reventar de fieles, les dijo a los masayas: “Ustedes son el cuerpo crucificado de Cristo” y cerró con una frase lapidaria: “Le quiero decir a Daniel Ortega y a Rosario Murillo: ¡Ni un muerto más en Masaya!”.

El jueves 28 de junio, al salir del seminario de Fátima, una periodista de un medio progobierno le cuestionó el papel de los sacerdotes en el diálogo nacional. Báez le aclaró que independientemente de ello, no podían hacerse de la vista gorda mientras la gente era asesinada. “Mediadores y testigos no quiere decir que seamos insensibles, que seamos ciegos y que no vemos la muerte, la represión y el miedo de la gente”, ripostó.

El 9 de julio en Diriamba las turbas sandinista atacaron a varios obispos y al Nuncio Apostólico Waldemar Stanislaw Sommertag. Báez resultó herido en un brazo con un arma blanca.

Monseñor Abelardo Mata, obispo de Estelí.

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Otro de los que tiene años de ser objeto de difamaciones por parte de simpatizantes del Frente es Monseñor Abelardo Mata, secretario de la Conferencia Episcopal. Será recordado porque el día de la inauguración del diálogo le dejó bien claro a Daniel Ortega lo que se iba a discutir en esa mesa de negociación: “Le exijo a usted, señor presidente, teniendo en común la única visión que nos trae aquí que es la patria, que repiense con su gabinete los caminos que ha recorrido. Ha comenzado, con dolor lo digo, una revolución no armada”, manifestó. “Si quiere usted desmontar la revolución, no es a fuerza de presión, de balas de gomas y balas de plomo, ni con fuerzas paramilitares”, fulminó. El 15 de julio, mientras se dirigía a Monimbó, donde los paramilitares efectuaban una nueva masacre, su vehículo fue detenido por turbas orteguistas a la altura de Nindirí. Mata tuvo que refugiarse en una vivienda aledaña mientras las huestes de Ortega golpeaban el vehículo y rodeaban la casa donde lo protegían.

Padre Vicente Martínez. Párroco de la iglesia Santa Lucía en Ciudad Darío.

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Es quizá el sacerdote que ha recibido la amenaza más directa. El domingo 10 de junio al regresar una tarde de un oficio religioso fue interceptado por paramilitares quienes le apuntaron con un AK-47 directamente a la cabeza. “Te vamos a matar porque tus homilías son un veneno”, le sentenciaron. Esa amenaza no hizo más que aumentar su firmeza: “Cristo murió por la verdad y nosotros debemos morir por la verdad”, declaró días después al diario La Prensa.

Monseñor Carlos Enrique Herrera, obispo de la diócesis de Jinotega.

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En la noche, en medio de las balas, a Monseñor Herrera le ha tocado recorrer la ciudad de Jinotega para socorrer a los heridos, liberar a los detenidos y trasladar hacia sus casas a los asesinados. Los simpatizantes sandinistas también le han llamado sacerdote golpista y cómplice de la derecha por estar siempre presente en las protestas.

Augusto Gutiérrez. Párroco de Monimbó.

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Todos estos sacerdotes han llorado, pero si hay uno cuyo llanto ha sido desgarrador es el del padre Gutiérrez. El 15 de julio, en medio de la mortífera balacera de los paramilitares y policías sobre el barrio indígena de Monimbó, el cura brindó una entrevista a la radio española Cope. “No nos dejen morir. Intervengan por favor, hagan algo”, dijo Gutiérrez, con la voz cortada por el llanto. Gutiérrez ha sufrido reiteradas amenazas de muerte. Paramilitares, policías y simpatizantes del FSLN, claramente le odian.

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