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El pacto sigue vivo: Arnoldo Alemán quiere participar en el diálogo nacional

Columnas

Si Daniel Ortega es hoy el presidente y verdugo de los nicaragüenses, es gracias a que allá por el año 1999 el caudillo del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), Arnoldo Alemán, le facilitó el retorno al poder disminuyendo a 35% el porcentaje de votos necesarios para ganar las elecciones presidenciales.

Ahora Arnoldo Alemán está solicitándole a los obispos de la Conferencia Episcopal su inclusión dentro del diálogo nacional, lo que hace despertar muchas suspicacias tomando en cuenta que el PLC tiene 11 años de ser un “partido político zancudo” del FSLN, y por tanto un legitimador de las elecciones fraudulentas.

En 1999 ambos caudillos se repartieron las instituciones y poderes del Estado a su antojo, pero quien salió ganando fue Daniel Ortega pues su techo electoral nunca ha sido mayor al 40% . Es más, cuando retornó al poder en el 2007 lo hizo con un 38% de los votos válidos.

Desde abril de este año Nicaragua se encuentra sumida en una terrorífica ola de violencia desatada por el gobierno de Daniel Ortega, el que no ha tenido reparo en en organizar fuerzas paramilitares y autorizar a la policía hacer uso de la fuerza letal contra las protestas ciudadanas que exigen el fin de la dictadura.

Al inicio de las protestas, primero por el incendio en la reserva Indio-Maíz y luego contra las reformas al Seguro Social, el PLC quiso agarrar réditos políticos, sin embargo, los jóvenes expulsaron a María Fernanda Flores, esposa de Alemán, y a demás representes del PLC. Desde esa fecha los intentos del PLC de ser parte de la oposición han sido constantes.

Las suspicacias no están infundadas, ya que tanto el PLC como el FSLN siguen controlando cada uno de los poderes del Estado. Incluso, en las últimas elecciones nacionales Daniel Ortega facilitó al PLC varias diputaciones, que hoy, que dicen estar a la par del pueblo, se niegan a soltarlas y así aislar más al dictador.

Ortega no está cómodo con el diálogo nacional, cuyos mediadores son los obispos, a los que tilda de golpistas, sin embargo, la incursión de su compinche Arnoldo Alemán le caería como anillo al dedo, pues aunque algunos crean que el pacto está casi muerto, ambos caudillos lo desempolvan cada vez que urge hacerlo.

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