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Daniel Ortega y la terrorífica historia del poder personal

A Fondo

Las entrevistas con Fox News y Telesur y su discurso del 19 de julio en la Plaza de la Fe, han dejado en evidencia que Daniel Ortega bien podría padecer un trastorno paranoide de la personalidad.

Este trastorno mental se caracteriza por “un patrón de desconfianza y suspicacia general hacia los otros”, y si uno analiza esas tres comparecencias se horroriza al darse cuenta que más que cinismo, Daniel Ortega sí cree seriamente que hay un intento de golpe de estado, que hay financiación de Estados Unidos a millones de nicaragüenses, cree que él está librando una guerra, que él y su familia son los salvadores de Nicaragua y que todos aquellos que protestan contra su gobierno son terroristas.

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Protesta en Managua. al 25 de julio se contabilizan 448 asesinados por el gobierno. Muchos de estos son niños y adolescentes.

Daniel Ortega es quizá el mandatario de América con el dispositivo de seguridad más grande. Ni el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuenta con tantos guardaespaldas. Hay quienes aseguran que en su residencia de El Carmen hay casi mil hombres resguardando a él y su familia, y el cálculo puede estar en lo cierto: El 16 de mayo que participó en la inauguración del diálogo nacional, se movilizó desde su casa hasta el Seminario de Fátima, distante unos 3 kilómetros, acompañado de 200 tropas especiales del ejército y la policía, 8 motos escoltas, unas 20 camionetas patrulleras, cuatro vehículos Mercedes Benz blindados (exclusivos de él y su familia) y dos helicópteros artillados.

Secuelas postcárcel

La vida de Ortega no ha sido fácil. Estuvo preso durante casi 8 años, desde noviembre de 1967 hasta diciembre de 1974. Cuando fue liberado se refugió en Costa Rica desde donde participó en la reorganización de la lucha contra la dictadura de Anastasio Somoza, aunque prácticamente no tomó parte en los cruentos combates para derrocarlo. Quienes le conocieron en esa época describen a un Daniel Ortega retraído, siempre a la defensiva y con evidentes secuelas postcárcel.

Según cita el diario La Prensa en su edición del domingo 3 de diciembre del 2017, en 1987 Ortega le dio una entrevista a la revista Playboy en la que confesó haberse sentido “tenso en libertad”.

“La pasé muy mal. Si entraba a un cuarto, quería salir inmediatamente. Si iba en un carro, comenzaba a sentirme desesperado. Era como si la celda estaba siempre conmigo”, cita La Prensa.

Pero su autoritarismo y su personalidad siempre a la defensiva viene de mucho más atrás. De acuerdo al periodista y sindicalista Onofre Guevara, cuando Daniel Ortega estuvo en la cárcel decretaba huelgas de hambre sin consultarle a sus compañeros y “aplicaba sanciones disciplinarias, carentes de las cualidades orientadoras y persuasivas del dirigente” (28 de mayo del 2018. Artículo de opinión en el semanario Confidencial).

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Fuerzas especiales de la policía trabajan en conjunto con paramilitares para reprimir a civiles.

El comandante de la carabina virgen

Ortega se ufana de haber ganado la guerra contra Somoza y la guerra de los ochentas. Pero probados guerrilleros, como su hoy acérrimo defensor, Edén Pastora, siempre dijeron que Daniel Ortega no participó en combates. Incluso dentro de las filas del FSLN muchos le llamaban el “comandante de la carabina virgen”. De lo único que se tiene constancia es de su participación en la ejecución del sargento de Guardia Nacional Gonzalo Lacayo, el 23 de octubre de 1967, y en el combate de San Fabián, Ocotal, en 1977. Este último fue todo un fracaso pues los 40 guerrilleros que se tomarían el cuartel de la Guardia en Ocotal fueron sorprendidos y tuvieron que salir huyendo. Daniel fue uno más en ese combate.

En cuanto a la guerra de la Contra, a Daniel le tocó ver los toros de largo y sus mismos compañeros de la Dirección Nacional del FSLN aseguran que quien realmente coordinó las acciones militares fue su hermano Humberto Ortega.

Obsesionado por el poder

En los noventas y primera mitad de la década del 2000 es innegable que Daniel Ortega gobernó Nicaragua desde abajo, y tanto Violeta Barrios, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños tuvieron que soportar constantes asonadas, muchas de las cuales amenazaron con botar esos gobiernos.

El líder sandinista parecía obsesionado por el poder y por la acción violenta.

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Comisionado General Ramón Avellán, uno de los verdugos del régimen posa para una foto junto a fuerzas paramilitares del FSLN.

Cuando en noviembre del 2006 ganó las elecciones muchos dijeron que sería difícil bajarlo de la silla presidencial. El mismo comandante Tomás Borge dijo que “todo puede pasar aquí, menos que el Frente Sandinista pierda el poder”. “Yo le decía a Daniel Ortega: ´podemos pagar cualquier precio, (pero lo que) no podemos perder, es el poder”, señaló Borge. Millones creyeron que eran nada más que otras hiperbólicas declaraciones de Tomás Borge.

Nunca fue oveja, siempre fue lobo

Los partidos opositores y el país entero no tuvieron que esperar mucho para experimentar que el viejo dirigente sandinista no estaba bromeando. En noviembre del 2008 el FSLN protagonizó un escandaloso fraude en las elecciones municipales. Era el primero de una serie de fraudes electorales que le ayudarían a Daniel Ortega a perpetuarse en el poder y a garantizar la hegemonía de su partido político.

Los opositores protestaron, pero Daniel tenía una receta infalible: garrote para los recalcitrantes y plata para los indecisos. Esa receta la aplicó hasta abril del 2018 cuando quienes podían ser comprados ya lo estaban y los recalcitrantes no le tuvieron miedo a los garrotes. Fue ahí cuando empezó a tirar balas.

Esto deja en evidencia que el líder sandinista siempre ha estado a la defensiva. Su historia ha sido una continua lucha por sobrevivir a un mundo que él considera su enemigo. Por eso cuando aseguró a Fox News el 22 de julio que su gobierno estaba bajo ataque, es porque así lo cree; por eso cuando un día después le dijo a Telesur que Los Estados Unidos estaban detrás de una intentona de golpe de estado, es porque así lo cree; y cuando en ambas entrevistas se declara ganador de una guerra, es porque también así lo cree.

Se le ha tachado de cínico y mentiroso por no aceptar que usa fuerzas paramilitares contra los civiles. Puede que como todo político con 50 años de experiencia sea un mitómano por antonomasia, sin embargo, en la mente de una persona con un trastorno paranoide de la personalidad no es fácil desentrañar las telarañas de la vil mentira. Daniel Ortega probablemente no comprende que esos seres encapuchados y fuertemente armados que le defienden, son paramilitares. Para él, los paramilitares son todos aquellos que le adversan. Él ve en un mortero artesanal un arma poderosa capaz de hacer estallar El Carmen en mil pedazos. En la psicología de los tiranos no hay amenazas pequeñas.

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El comandante Caperusita es uno de los personajes más conocidos de la lucha contra Daniel Ortega. Un video, junto a decenas de protestantes, y con un mortero en mano, se hizo viral en Nicaragua.

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