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El día que los sandinistas ofendieron al Papa Juan Pablo II

Recordando la Historia

El 4 de marzo de 1983 el Papa Juan Pablo II hizo una histórica visita a Nicaragua. Era la Nicaragua de la Revolución Sandinista, era la Nicaragua desangrada por la guerra civil, y sus dirigentes estaban enfrentados con la iglesia católica.

Esa visita fue uno de los momentos más complicados para Juan Pablo II. La Revolución Sandinista propagaba la teología de la liberación y dos de sus máximos representantes eran los sacerdotes Ernesto Cardenal y Miguel D’Escoto, dos funcionarios del gobierno nicaragüense. Ministro de Cultura, el primero, y de Exteriores, el segundo.

El recibimiento al Papa no pudo ser más ofensivo. Los funcionarios sandinistas, entre ellos el mismísimo Daniel Ortega, le esperaban con uniforme militar, y todo el recorrido estaba plagado de banderas rojinegras y símbolos revolucionarios. Era un ambiente hostil a cada paso.

Pero Juan Pablo II no era hombre de amedrentarse por los ambientes hostiles. Histórica es la fotograía en el aeropuerto de Managua con un Ernesto Cardenal arrodillado ante el pontífice, y éste riñéndole y dejándole claro que debía escoger entre la iglesia y la política.

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El Papa debió soportar en la bienvenida un extenso discurso soporífero de Daniel Ortega, y una pancarta de bienvenida que más que exaltar a Dios, exaltaba a un gobierno revolucionario.

Durante la misa, realizada en la Plaza 19 de Julio, en vez de una imagen de Cristo, a espaldas del pontífice estaba un enorme mural del comandante Carlos Fonseca Amador, el fundador del FSLN, quien para esa época era para los sandinistas como su cristo crucificado, dadas las circunstancias de su asesinato en 1976.

Eran cientos de miles los congregados en esa plaza, pero no para escuchar exaltados de fe las palabras de Juan Pablo II, sino para interrumpirle cuantas veces pudieran. Era una orientación del gobierno.

Juan Pablo estaba evidentemente incómodo pero no se amedrentó y hubo un momento en que le gritó a la multitud que hiciera silencio y que le dejara hablar. Ofensivo también fue que en medio de tanto alboroto desde la consola de audio “accidentalmente” alguien pusiera el himno del Frente Sandinista.

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Un día antes de la visita del Papa fueron velados los cuerpos de un grupo de jóvenes sandinistas caídos en San José de las Mulas en un combate con la Contrarevolución. Los sandinistas habían tratado de crear el ambiente más tenso posible previo el discurso de Juan Pablo II.

El pontífice escuchó una y otra vez las exclamaciones de paz de los sandinistas. Ya con la paciencia colmada, les gritó: “La primera que quiere la paz es la iglesia”.

Con el transcurrir de los años Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo trataron de cambiar la historia, maquillar lo ocurrido. La misma Rosario Murillo cada vez que tiene la oportunidad saca a colación la figura del Santo Padre, tratando de sus palabras a conveniencia. Incluso en Managua hay un museo recordando las dos visitas de Juan Pablo II a Nicaragua. Lo construyó la alcaldía capitalina por orientaciones de Rosario Murillo. Pero la realidad es que lo que siempre han querido es que la iglesia católica calle, pero ésta lo que menos ha hecho es hacer silencio.

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