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Los Ortega-Murillo han optado por convertir a Nicaragua en otra colonia de Cuba

A Fondo

En Nicaragua está pasando como en Venezuela. Un sátrapa cada vez más débil pero con el poder de las armas ha optado convertir su país en una colonia para no abandonar el poder. La metrópoli no es ni más ni menos que Cuba. ¡Vaya metrópoli!

Luego de tres meses de protestas y de sofocar la rebelión ciudadana a punta de balazos, Daniel Ortega no logra acallar las voces que piden su renuncia y elecciones anticipadas. Diariamente hay marchas en distintos lugares del país y dentro del aparato estatal muchos trabajadores repudian la paramilitarización del país y el asesinato de los protestantes.

Ortega y su mujer Rosario Murillo, grandes admiradores del modelo cubano, nunca han negado su incomodidad con la democracia y actualmente están viendo a la Venezuela de Nicolás Maduro como el ejemplo a seguir para salir del atolladero.

Viene lo más crudo

La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) advirtió en días anteriores en Washington que Daniel Ortega ha iniciado una fase aún “más cruda” de represión. 

Precisamente parte de esa estrategia se pudo observar el viernes y el sábado 27 y 28 de julio en León y Jinotepe. En ambas ciudades fueron despedidos 80 médicos y enfermeras, muchos de ellos especialistas únicos en su rama. León se quedó sin los únicos columnólogos y oncólogos del departamento.

Fuentes del gobierno afirman que estos médicos serán reemplazados por médicos cubanos. Se habla que la orden es limpiar todo el sistema de salud nicaragüense de los inconformes.

Pero la “limpia” no se limita al Ministerio de Salud (Minsa), abarca todo el aparato estatal, donde ya se están entregando cartas de despido. Aquí nadie se salva. La orden es correr a maestros, bomberos y todo aquel que no esté de acuerdo con el uso de paramilitares y con la permanencia de Ortega en el poder. Incluso dentro de la misma policía nacional se habla que ya hay cubanos y venezolanos trabajando como paramilitares.

La economía es lo de menos

Como en Venezuela, en Nicaragua el tema económico es secundario. Así vemos que el gobierno hace caso omiso a las amenazas de sanciones económicas y el retiro de la cooperación internacional. La prioridad es el poder.

Daniel Ortega sabe muy bien que si deja la presidencia no podrá gobernar “desde abajo”, como lo hizo en los noventas e inicio de la década pasada. En esta ocasión, si abandona el poder a las buenas, solo tiene dos alternativas: marcharse al exilio a Cuba, Venezuela y probablemente a Rusia o bien quedarse en Nicaragua y enfrentar un juicio por delitos de lesa humanidad.

Ninguna de esas dos alternativas parecen ser de su agrado. Ahorita Daniel Ortega no está pensando en ideologías como socialismo, comunismo, que en ninguna de ellas cree, ahorita Daniel Ortega lo que está buscando es sobrevivir y su única opción es convertir a Nicaragua en otra Venezuela.

La gran pregunta es si Estados Unidos lo permitirá.

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