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Familia gobernante pone al borde de la quiebra a Nicaragua

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El aferramiento de Daniel Ortega y su familia al poder tiene al borde de la quiebra a Nicaragua. Cientos de miles de desempleados, cero crecimiento en el mejor de los casos, quiebra absoluta del sistema de seguridad social, poca recaudación de impuestos, una nula inversión extranjera, miles o cientos de exiliados, cierres de empresas y negocios, un turismo en bancarrota, sanciones internacionales y una inflación no vista en las últimas décadas, es la catastrófica perspectiva de una Nicaragua que se presentaba como uno de los países más estables de América Latina.

Un país sin maras, con un crecimiento económico del 5% anual, con una policía eficiente y profesional, un gobierno diligente, un acuerdo tripartito entre el empresariado, los trabajadores y el gobierno, un país feliz, un pueblo que adoraba a Daniel Ortega y Rosario Murillo, todo eso era una fantasía, era una magnífica ilusión vendida con eficacia, pero que una vez iniciadas las protestas contra la pareja despótica se vino a pique.

La ineficacia del gobierno para resolver la crisis y que se impusiera la vieja costumbre caudillesca de usar balas para acallar a los insatisfechos, hizo que en apenas tres meses el ejecutivo retirara del Banco Central 147.9 millones de dólares. Si no lo hacía el Estado dejaba de funcionar.

Para economías grandes eso no sería nada significativo, pero para la de Nicaragua, cuyas exportaciones son de apenas 2,500 millones de dólares al año, sus reservas internacionales de 2,800 millones, y su Producto Interno Bruto de 13,857 millones, es crítico. Es como que una persona por pagar las deudas del banco se quedara sin la comida de los próximos tres meses.

Otro ejemplo de la grave crisis económica se presenta en el INSS, la niña que desató las protestas contra el régimen. Hasta la fecha el INSS ha perdido casi 90 mil afiliados, de un total de aproximadamente 900 mil (unos 76 mil de éstos están bajo la modalidad de seguro facultativo). Aún más crítico es que en el 2017 cerró con un déficit de 2,371 millones de córdobas debido a los malos manejos. La actual administración encontró la institución con un superávit de 1,200 mil millones. En términos prácticos, el INSS ya ha recibido la extremaunción.

El turismo, uno de los motores de la economía y una de las banderas del éxito del gobierno de Daniel Ortega está estancado. El 80% de los hoteles están cerrados. A Nicaragua no vienen turistas y los extranjeros que arriban lo hacen por necesidad.

La deuda externa, pública y privada, cerró el 2017 en 11,512 millones de dólares, es decir, el 83.3% del Producto Interno Bruto (PIB).

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El anuncio de varios países de que suspenden, retiran o condicionan la cooperación internacional es otro tema crítico si se toma en cuenta que la ayuda externa representa aproximadamente 500 millones de dólares del Presupuesto General de la República. El déficit deberá ser solventado con las reservas internacionales.

En el gobierno se habla mucho del apoyo de Rusia y Venezuela. Las malas noticias es que la cooperación venezolana ya es casi inexistente, y la rusa nunca ha representado gran cosa en términos reales, al contrario de Venezuela en tiempos de la bonanza petrolera. Las perspectivas de que Rusia le tire un salvavidas económico a Daniel Ortega es imposible, ya que el gigante euroasiático está buscando como superar sus propias sanciones internacionales. La Rusia de Putin no es la URSS de los años ochentas.

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