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Laureano Ortega, el príncipe burgués

A Fondo

Era el año 2003. Exactamente el 19 de julio del 2003 en la Plaza de la Fe. Rosario Murillo creyó el momento propicio para presentar a su hijo, de 20 años, ante las masas. ¡Y vaya qué presentación! El joven lo hizo cantando el Ave María de Schubert. Ese día millones de nicaragüenses supieron que Laureano Ortega era tenor.

Los simpatizantes sandinistas tuvieron que soportarlo no solo a él, sino que poco antes que iniciara el acto central, debieron tragarse un concierto de rock. Sí, un concierto de rock… Rock pesado.

A nadie se le cruzó por la cabeza que aquel mozalbete aspiraba vestirse con refinados trajes nada propios para el calor tropical de Nicaragua, usar relojes Rolex de 43 mil dólares, viajar a Europa, principalmente a su adorada Italia, conducir carísimos Mercedes Benz, entre otros lujos dignos de un príncipe. ¡Claro! ¿A quién se le iba a pasar por la cabeza eso? Su padre, Daniel Ortega, era un revolucionario, un líder de izquierda, y su madre una aspirante a poetisa, y en teoría enemigos ambos de esos gustos burgueses. En teoría.

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Contrario a sus hermanos y su padre, y a los gustos extravagantes de su madre, Laureano Ortega, adora el vestir elegante.

Con el transcurrir de los años y una vez que su padre asumió la presidencia en el 2007, Laureano ya no tuvo que ocultar sus gustos y se compró los trajes y relojes que quería, viajó sin remordimientos a Italia, condujo sin miedo sus Mercedes Benz y se convirtió en todo un príncipe burgués, un pashá criollo o no sabemos si cabría catalogarlo como una especie de Conde de Montecristo del siglo 21.

El promotor de inversiones

Sin embargo, llegó el momento de empezar a asumir nuevos roles, dejar la vida de rico heredero y ejercer funciones dentro del gobierno de su padre y su madre. Eso ocurrió en el segundo semestre del 2009, precisamente en octubre. Lo hizo como asesor de ProNicaragua, la agencia oficial de inversiones. Tenía 26 años.

La primera noticia de sus hazañas como promotor fue su exitoso desempeño en la Feria de Retirados de Estados Unidos, realizada el 23 y el 24 de octubre.

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Laureano fue homenajeado con una “fiesta rusa” en la que se gastó 50 mil dólares.

Después de eso, al país empezaron a llegar inversionistas tras inversionistas y con el paso del tiempo con quien debían hablar era con el elegante Laureano Ortega. La propaganda oficial vendía cómo iba cosechando éxito tras éxito. Satélites, descomunales hidroeléctricas, enormes plantaciones agrícolas y forestales, fábricas. Nicaragua estaba camino a ser una potencia económica, a ser la nueva Suiza centroamericana, arrebatándole ese título a la envidiosa y mala hermana Costa Rica.

En un inicio no le gustaba hablar con los medios de comunicación. Aunque cuando agarró confianza empezó a hablar con mayor soltura. Por supuesto, a los únicos que les daba declaraciones era a los medios de comunicación propiedad de su familia.

El gran canal

Su coronación como asesor de inversiones fue cuando en el 2012 viajó a China, donde captó al genio de la lampara dorada y ojos rasgados, el empresario Wang Jing. Laureano bailaba en un pie cuando le anunció a su padre Daniel Ortega que Wang Jing quería construir un canal interoceánico por Nicaragua. ¡Sí! ¡El canal! El que ni los reyes de España, ni los franceses ni los ingleses ni los odiados estadounidenses pudieron llevar a cabo.

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Laureano Ortega y el enigmático empresario chino Wang Jing, quien iba a construir un canal interoceánico en Nicaragua.

El día histórico fue el 14 de junio del 2014. Fue un sábado. Todos recuerdan a Daniel Ortega y a Wang Jing tomados de la mano e intercambiando los documentos de la firma del tratado. El canal costaría 50 mil millones de dólares y estaría concluido en cinco años. Daniel Ortega, Rosario Murillo y Nicaragua entera estaban orgullosos de Laureano Ortega, porque Laureano estaba logrando sacar al país de la pobreza. ¡Es que el Canal de Panamá era cualquier cosa en comparación con el que iba a construir el chino!

El tiempo pasó. La enorme zanja que partiría Nicaragua y uniría el océano Pacífico y el mar Caribe se fue diluyendo en lo que era: una burda ilusión. En esas intempestivas sorpresas del mundo bursátil, Wang Jing perdió de un día para otro el 85% de su fortuna, calculada en unos 10 mil millones de dólares. Laureano no volvió a hablar del canal y mucho menos del chino.

El gran tenor

Pero no juzguen mal a Laureano. Si como promotor tuvo sus fracasos, es porque lo suyo es el arte. Recuerden que su afición es el canto. En febrero de 2012 Nicaragua redescubrió sus dotes de tenor cuando en el Teatro Nacional interpretó el papel de “Turiddu”, en la Opera Cavalleria Rusticana, de Pietro Mascagni. Desde ese momento su protagonismo fue en constante ascenso y ya en mayo del 2015 interpretaba a Roberto en la Ópera Le Villi durante el primer Festival Pucciniano. Tan emocionado quedó que en septiembre de ese año creó la Fundación Instituto Nicaragüense del Canto (Incanto), con él mismo como director y productor general.

Estos festivales tienen un costo de nada más ni nada menos que de 290 mil dolares. Se realizan cada año y a que no adivinan quién los paga. ¡Eureka! Sí, así mismísmo: Nicaragua. El país más pobre del continente después de Haití.

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Las presentaciones teatrales de Laureano son ampliamiente publicitadas por los medios de comunicación de la familia Ortega Murillo.

¿Canta o no canta?

Mentirosos seríamos al afirmar tajantemente que canta mal. Para gustos los colores. Nosotros no somos expertos en ópera ni en el arte lírico en general. A lo sumo nos gusta escuchar discos de Enrico Caruso, Luciano Pavarotti, Jesús Carreras, Plácido Domingo, Javier Camarena, y un poco de música clásica de maestros como Vivali, Richard Strauss, Händel, Chopin, Schubert y dos o tres más.

Con el inicio de las protestas contra su padre y su madre, ocurrió algo insospechado: Dejó el traje de ejecutivo de Wall Street, se puso una camiseta ajustada, pisó las calles de Managua, exhibió unos tatuajes y empezó a abrazar a los simpatizantes del FSLN. No a aquellos que le abuchearon aquel 19 de julio del 2003 en la Plaza de la Fe. No. Estos de 15 años después sí saben apreciar el arte. A estos valga Dios que vos les digás que Laureano ni canta ni encanta, peor aún que les mencionés que algunos congresistas de Estados Unidos quieren que el presidente Trump le aplique la Ley Global Magnitsky, por corrupción o violación a los derechos humanos.

Pero como en Nicaragua hay un montón de gente a la que le vale decir las cosas, muchos de los que se oponen al gobierno no tienen reparo en decir abiertamente, aunque lejos de un fanático orteguista, que Laureano no es tenor y mucho menos promotor… ¡Sabrá Dios!

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