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¿Paro Nacional o un “fin de semana largo” al estilo Ortega?

Columnas

La Alianza Cívica, que aglutina a una parte de los opositores al gobierno de Daniel Ortega, ha llamado a un paro nacional de 24 horas a partir de las cero horas de este viernes. Es el tercer paro nacional. El último se realizó el 13 de julio, hace ya casi dos meses.

El anuncio ha desatado opiniones encontradas entre los opositores. Hay quienes apoyan la iniciativa completamente, sin embargo, las voces de quienes aseguran que es una burla, no son pocas.

Desde que el gobierno de Daniel Ortega desarticuló la última barricada el pasado 23 de julio en Jinotega, la ciudadanía ha visto apagado el ímpetu con que la Alianza enfrentó a Daniel Ortega y Rosario Murillo el 16 de mayo en el Seminario de Fátima. Ese día los dos déspotas debieron escuchar en su propia cara que les llamaran asesinos frente a todas las cámaras de televisión.

Ese día Nicaragua creyó en la Alianza Cívica. El pueblo salió más que nunca a las calles, levantó barricadas, hizo tranques y se enfrentó contra miles de policías y paramilitares fuertemente armados. El pueblo estaba poniendo lo único que siempre sabe dar para derrocar a un tirano: su sangre. La cuota ha sido enorme: Entre 300 y 450 muertos.

De exigir a suplicar

La gente ha visto con mucha desconfianza las largas que ha dado la Alianza al paro nacional como también al pedido que ha hecho a Daniel Ortega para que se siente a dialogar. Más que una exigencia al dictador pareciera una súplica.

Si bien es cierto que la comunidad internacional está exigiendo a Ortega que se siente a dialogar, quienes han dado los muertos ven con impotencia cómo sus representantes no hacen nada concreto para recobrar la confianza de quienes creen que Ortega está logrando su objetivo.

Medardo Mairena

Hubo un hecho que minó el prestigio de la Alianza. El 13 de julio, día del segundo paro nacional, el gobierno arrestó a Medardo Mairena, un líder campesino, quien era responsable de enormes tranques que tuvieron paralizado durante meses los departamentos más productivos de Nicaragua. Medardo Mairena era integrante de la Alianza.

Mucha gente pensó que el arresto de Mairena significaría una mayor presión contra Ortega, pero fue lo contrario. La opinión generalizada es que mientras el líder campesino está siendo víctima de torturas, la Alianza lo ha sacrificado, y no solo a él sino a decenas de estudiantes universitarios y a líderes de los movimientos autoconvocados, quienes sí estuvieron en las trincheras soportando directamente los disparos de AK, Dragunov, RPK, M-4 y todo el armamento militar con el que dispone el régimen para acallar las protestas.

Daniel puede soportar todas las marchas

Es cierto que se han hecho marchas en apoyo a los presos políticos, sin embargo, el régimen de Ortega puede soportar marchas cada fin de semana. Es más, la rotonda Jean Paul Genie, símbolo de las protestas opositoras, poco a poco ha sido recuperada por los simpatizantes orteguistas.

El pueblo pide un paro nacional de verdad. Hacerlo en viernes, dicen, es como los fines de semana largos del gobierno cuando le da libre a sus trabajadores.

Se ha escuchado a la empresa privada, aglutinada en el Cosep, argumenta que un paro nacional implica un golpe fuerte a la economía de las familias y de los empresarios. El pueblo está consciente de ello y está dispuesto a asumir el riesgo. Ya dio muertos, se mantiene bajo constante amenaza de paramilitares, ya perdió sus puestos de trabajo, y por consiguiente un paro nacional no es nada en comparación con lo que ha sufrido desde el 18 de abril cuando se rebeló contra la dictadura.

Un idilio difícil de olvidar

La gente está clara que un paro nacional de por lo menos una semana o un mes no va a botar a Daniel Ortega, pero sí sabe que el golpe sería fuerte, ya que crearía insatisfacción ciudadana incluso en las mismas bases del orteguismo, Igualmente golpearía las recaudaciones fiscales y obligaría a Ortega a sacar más fondos de emergencia y con ello aceleraría algo que ya es inminente: un país en quiebra.

En la calle los comentarios son de lo más variopintos. Muchos dicen que Ortega doblegó a los empresarios con las tomas de tierra, otros que con las amenazas de muerte, otros especulan que quieren es volver a sus negociaciones a dos bandas y olvidarse de que Ortega debe es un dictador. Es decir, regresar al romántico idilio que sostuvo el Cosep y Ortega durante 11 años. Romper con el amor de tu vida siempre es duro. Lo sabe hasta un adolescente.

Independientemente de las razones, en las calles hay un hastío contra dictadura, pero también contra una Alianza Cívica que no ha sabido aprovechar el respaldo internacional y el respaldo de los nicaragüenses para forzar a Ortega a dejar el poder.