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Perfil de un danielista

A Fondo

Aunque los opositores a la dictadura metan en un solo saco a los simpatizantes de Daniel Ortega y les hayan bautizado de manera despectiva como “sapos”, la realidad es que el danielismo es más variopinto de lo que parece.

En lo único que hay consenso general es en que un danielista tiene fidelidad perruna hacia la familia Ortega Murillo y que la defiende a capa y espada a pesar de que sus argumentos se estrellan contra una realidad macabra, plagada de asesinatos, corrupción, violación de derechos humanos y manoseo de la dignidad de los trabajadores del Estado y de los mismos simpatizantes del FSLN.

Eso es lo único. En el resto, el danielismo es más clasista que ningún otro partido político y el peso económico tiene mucho que ver en los diferentes estratos sociales en que la familia Ortega Murillo dividió, consciente o inconscientemente, al autoproclamado izquierdista Frente Sandinista.

Amén de la familia reinante, la cumbre del danielismo la ocupan empresarios ligados económicamente a los Ortega, jefes de la policía y del ejército (en retiro o en funciones) cuyo patrimonio personal se lo deben al FSLN, y altos funcionarios del gobierno y del partido. Bayardo Arce, Fidel Moreno, Sonia Castro, Ramón Avellán, Gustavo Porras, Omar Halleslevens, Leonidas Centeno, Sadrach Zeledón, Orlando Noguera, son solo algunos nombres de la lista.

Luego están funcionarios medios del partido, es decir, secretarios políticos municipales, alcaldes, concejales y delegados distritales, en cuyas espaldas recae la organización territorial.

Después hay un nutrido grupo de pastores evangélicos y sacerdotes que si bien tratan de mantener un perfil bajo, siempre han demostrado su respaldo al gobierno de Daniel Ortega. Los pastores Omar Duarte y Augusto Marenco, o sacerdotes como Eddy Montenegro son algunos ejemplos. Caso aparte merece el reverendo Sixto Ulloa, quien no solo no quiso mantener un perfil bajo sino que al contrario aseguró a un medio de comunicación local que Daniel Ortega y Rosario Murillo habían sido puestos por Dios y que por eso había que respaldarlos.

Así mismo, hay un grupo de danielistas como el boxeador Román González, que no le deben su patrimonio a Ortega, pero que sí le deben favores. Esos son incondicionales.

Hay un grupo de danielistas cuyas características son bastante complejas: Los simples trabajadores del Estado. Muchísimos, quizá la mayoría, no son fieles a Daniel Ortega y su familia, pero siguen en el gobierno por miedo a perder su trabajo. No obstante, hay otros a los que además de la relación laboral los mueve un fanatismo desmesurado. En ambos casos hay un interés económico de por medio. Este grupo lo integran secretarios, conductores, administradores, policías, soldados, sindicalistas, cobradores de agua, basura y periodistas que no están dispuestos a renunciar a sus salarios o bien a miembros de la llamada Red de Comunicadores del FSLN, adoctrinados para ejercer el periodismo como un instrumento de propaganda.

En lo más bajo del escalafón se encuentra el militante de a pie, ese que se juega el día a día y que espera que el FSLN le resuelva sus penurias económicas. Estos son los que integran los grupos de tomatierras, mandados por el FSLN a ocupar propiedades de empresarios opositores y que luego han sido repudiados por el gobierno y expulsados por la policía orteguista. También son militantes de a pie los que a cambio de 200 córdobas se integraron a los grupos paramilitares y empezaron a asesinar a cientos de opositores y continúan aterrorizando a la mayoría de los nicaragüenses. Junto a estos también habría que incluir a los cada vez menos beneficiarios de un paquetito de comida que Ortega les envía de manera esporádica o bien aquel que recibe una pensión por un hijo a quien el FSLN mandó a morir a la montaña en los años ochentas.

Si bien Daniel Ortega asegura que el danielismo sigue siendo fuerte, la verdad es que cada vez cuenta con menos simpatizantes. En las calles hay clara evidencia de que la fidelidad de las capas más bajas del FSLN es voluble, mientras que en los trabajadores del Estado el interés es meramente mercenario y por tanto supeditado a que Ortega les mantenga un salario.

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