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Los Ortega tratan de usar la celebración de la Purísima con fines políticos

Columnas

Autor: Pastor Valle-Garay
Senior Scholar, York University

TORONTO, CANADÁ – La celebración de la Purísima es un acto de fe eminentemente católico, eminentemente nicaragüense y eminentemente tradicional y popular aún entre personas de otras creencias.

Lo que la celebración de la Purísima definitivamente no contempla por ningún motivo es que ningún gobierno terrorista por ninguna circunstancia utilice la Purísima para fines políticos.

Ésa es precisa y desvergonzadamente la intención primordial del gobierno de Ortega-Murillo al crear altares con la sencillamente descabellada intención política de comprar simpatía popular entre los creyentes.

Hace apenas tres semanas el dictador Ortega acusaba públicamente a Monseñor Silvio Báez de golpista y le amenazaba con destituirle del obispado como si Monseñor Báez fuese uno de sus serviles esbirros a quien podía quitar o poner de un puesto a la hora que se le antojara. La prepotencia de Ortega llegó hasta tal punto que se le ocurrió escribirle al Papa solicitándole que éste destituyera a Monseñor Báez.

Tal ha sido la influencia anticatólica de Ortega que provocó dura reacción recientemente de parte de Monseñor Bismarck Carballo. Mientras Monseñor Carballo, párroco de la iglesia Espíritu Santo, se dirigía a celebrar el Día de Difuntos en el Cementerio Nacional el pasado 2 de noviembre, el periodista Emiliano Chamorro de La Prensa le cuestionó sobre la campaña del gobierno de Ortega contra Monseñor Báez.

La pregunta de Chamorro incomodó a Carballo que se sintió se sintió “visiblemente molesto” y “prefirió tomar distancia del tema.” Le dijo a Chamorro que “él no hablaba con La Prensa.” Pero habló. Refiriéndose a Monseñor Báez, Carballo dijo “Qué se defienda solo. Él ya está grande.”

Es Indudable que la respuesta de Carballo demuestra la nefasta influencia de Ortega entre algunos miembros de la jerarquía y el divisionismo que han causado el dictador y su esposa entre los nicaragüenses al emprender guerra abierta contra gran parte de la jerarquía católica.

La prepotente respuesta de Carballo es irónica. La actitud de Carballo, ahora es incondicional fiel amigo del dictador Ortega, contrasta con los hechos ocurridos en los años ochenta cuando Carballo fue víctima de una campaña de desprestigio de parte de la Dirección del Frente Sandinista de Liberación Nacional. En un montaje del FSLN, Carballo fue fotografiado supuestamente con una prostituta. Ambos estaban desnudos. Las fotos aparecieron en los diarios nacionales y en publicaciones mundiales.

GUERRA ABIERTA CONTRA MONSEÑOR BÁEZ

Ortega por su parte busca como deshacerse de Monseñor Báez a como dé lugar. Según La Prensa y otros medios de comunicación de Nicaragua, la campaña contra Báez “incluye amenazas de muerte, persecución, desprestigio e incluso la recolección de firmas para enviar la infame carta al Papa Francisco y que éste lo retire de Nicaragua.”

¿Y qué habrá hecho este valiente, importante miembro de la jerarquía católica para merecer semejante tratamiento de parte del dictador y de su esposa, la Vice Presidente de Nicaragua, quien igualmente le acusa de ser golpista y de atacar al gobierno del dictador?

Realmente, Báez no ha hecho más que desempeñar su responsabilidad religiosa de proteger a la población, conducir servicios religiosos pidiendo a Dios que proteja a los fieles, acompañar a la población en manifestaciones de protestas que en cuestión de seis meses han causado 528 muertes a manos de las autoridades orteguistas, miles de personas en la cárcel, miles de desaparecidos, cientos de periodistas salvajemente golpeados y miles de heridos y por formar parte de una Comisión de Paz en búsqueda de una solución pacífica a la tragedia nicaragüense.

La participación de Monseñor Báez en la crisis política-económica nicaragüense cuenta con el apoyo de la población católica nicaragüense, con el apoyo del Vaticano, de la Organización de Estados Americanos (OEA), con el apoyo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y la Comisión de Derechos Humanos de Nicaragua, con el apoyo de la Unión Europea y de países de la América latina y sobre todo con el apoyo de los católicos nicaragüenses.

En otras palabras, Monseñor Báez no está solo. Pero sí se encuentra asediado por Ortega, Murillo, la Policía orteguista y las hordas delincuenciales que supuestamente mantienen el orden en Nicaragua pero que realmente responden a las criminales órdenes de Ortega y de Murillo al atacar brutalmente al clérigo y a una población pacífica y desarmada.

ORTEGA SE LAS JUEGA CON DIOS Y EL DIABLO

Si bien Monseñor Carballo se rehusó pública y cobardemente a apoyar a Monseñor Báez, su más reciente cambio de lealtad es parte de una sistemática campaña de Ortega y sus secuaces dirigida contra la religión católica y contra la ciudadanía. Dividir y conquistar.

En los años ‘80, después del triunfo de la Revolución Popular Sandinista, Ortega y el entonces Cardenal Obando y Bravo, que fuese premiado por el Vaticano con el nombramiento de Cardenal por su feroz oposición al Frente Sandinista de Liberación Nacional, ya habían cruzado palabras fuertes. Ortega acusó al Cardenal de “fariseo” y en 1996 el Cardenal Obando y Bravo denunció a Ortega como una “víbora.”

De repente, todo esto cambió. En septiembre del 2005, el Cardenal Obando y Bravo celebra el casamiento por la iglesia entre Ortega y Murillo durante una misa solemne en Managua. Cuatro meses después de ganar las elecciones presidenciales del 2006, Ortega “convierte” al Cardenal Obando y Bravo al orteguismo, lo nombra Presidente de la Comisión de Paz y Reconciliación con rango de Ministro de Estado, desatendiendo un edicto del Papa Juan Pablo II, quien suspendió de la iglesia a tres sacerdotes nicaragüenses que eran Ministro de Relaciones Exteriores, Ministro de Cultura y Ministro de Educación en el primer gobierno sandinista, alegando que “los Ministros de Dios no deberían ser Ministros del Estado.” Ortega también declara a Obando y Bravo Prócer de la Paz y la Reconciliación.

CONTINÚA CONVERSIÓN DEL CARDENAL OBANDO Y BRAVO AL ORTEGUISMO

Ortega continuó su conversión de Obando y Bravo al nombrarle su Consejero Personal. Así mismo, suspendió un escandaloso juicio legal contra la agencia caritativa COPROSA perteneciente a Obando y Bravo. Se le había enjuiciado criminalmente por fraude al introducir 26 camionetas de lujo y automóviles Mercedes Benz exentos de impuestos. Roberto Rivas, protegido de Obando y Bravo, funcionaba de Director de COPROSA. Ortega desarticuló los cargos contra Rivas y lo dio el cargo de Presidente del Consejo Supremo Electoral, garantizándose así la manipulación fraudulenta de elecciones a favor del orteguismo. Como si eso no fuera suficiente, ÚNICA, la universidad católica de Obando y Bravo, recibiría anualmente por decreto de la Asamblea sandinista 15 millones de pesos y medio millón de dólares para gastos en educación. La Directora de ÚNICA era una hermana de Rivas. Todo queda en familia.

Con estas manipulaciones el sacerdote que pasó de cura de pueblo a Príncipe y Cardenal maquiavélico de la Iglesia Católica se convirtió simultáneamente en un potentado multimillonario y se ganó el desprecio del pueblo. Al morir en junio del 2018, ni Ortega, ni Murillo ni su hijo adoptivo Rivas asistieron a su Misa Solemne ni a su entierro y los feligreses brillaron por su ausencia. En la Catedral no había más que una veintena de personas.

EN RÍO REVUELTO, GANANCIA DE EVANGÉLICOS

Para el catolicismo, la relación entre Ortega y la jerarquía ha sido un rosario de recriminaciones. Antes y después de Ortega. Ahora peor. La nación, fundamentalmente. eminentemente católica, está dividida y se calcula que un 40% de la población ha pasado a las filas evangélicas. No por nada. Ortega sostiene una excelente relación con los pastores evangélicos, les da generosas donaciones de dinero, les construye templos que superan en tamaño, en fieles y en donaciones de dinero a los católicos y los exonera de impuestos. Los evangélicos por su parte apoyan a Ortega con una fe ciega, sorda y muda. Casi fanática.

En los últimos seis meses de disturbios y asesinatos las pandillas orteguistas han atacado a sacerdotes, disparado sus armas contra las iglesias y destruido propiedades religiosas. Los ataques a los sacerdotes y a los templos continúan. Nadie toca a un evangélico. Están al margen de los disturbios.

AGRESIÓN A SACERDOTES E IGLESIAS

La agresión contra los sacerdotes católicos no es nada nuevo. El 4 de julio de 1986 monseñor Pablo Antonio Vega fue expulsado de Nicaragua por simpatizar con los insurgentes de la Contrarrevolución. El 18 de junio de 1993, fue agredido el entonces sacerdote Jorge Solórzano, en la parroquia católica San Pablo Apóstol, de la Colonia 14 de septiembre, en Managua.

Más reciente, el 9 de julio de este año, el cardenal Leopoldo José Brenes, su obispo auxiliar Silvio José Báez y el nuncio Waldemar Stanilaw Sommertag fueron golpeados por paramilitares y simpatizantes de Ortega en la Basílica San Sebastián de Diriamba, Carazo.

El domingo 9 de septiembre el comisionado general Ramón Avellán, subdirector de la Policía Nacional, atacó a empujones al sacerdote Edwin Román, párroco de la iglesia San Miguel de Masaya. En medio de la crisis que vive el país también fue agredido por las turbas el sacerdote Pedro Méndez, párroco de la Iglesia María Magdalena del barrio indígena de Monimbó, en Masaya.

SE DESTAPA LA SANTERÍA Y OTROS CULTOS EXÓTICOS

Con todos estos sucesos y la obsesión de poder de Ortega y Murillo, las relaciones entre la iglesia y el estado se encuentran en caminos cruzados y antagonistas. Rosario Murillo, nombrada Vicepresidente de Nicaragua por su esposo Daniel Ortega, no practica ninguna religión en particular. Pero en entrevista exclusiva para la televisión oficialista hace dos años, Murillo recorrió las habitaciones del Carmen, la mansión que ocupa en Managua, mostrándole a los televidentes los altares que ella ha dedicado a Buda, a la práctica del vudú, a las deidades de la santería, a ritos exóticos de Brasil, de África y otras prácticas asociadas con seguimientos paganos que no se conocían en la Nicaragua católica.

Es obvio que Murillo cultiva y se deleita en esas prácticas paganas al mismo tiempo que amenaza en las emisoras de radio y televisión a los sacerdotes católicos acusándolos de golpistas y de enemigos del pueblo sin producir la menor prueba.

LA POLICÍA VISTE TRAJES DE FIELES RELIGIOSOS

Este impasse entre el catolicismo y el orteguismo ha causado que se cancelen las llamativas y popularísimas festividades religiosas en todas las iglesias de Nicaragua. Sin embargo, la testarudez de Ortega decidió organizar algunas festividades, ordenó a la policía a hacer el bulto de creyentes y crear procesiones ficticias en celebración de diferentes fiestas patronales. Como si esto fuera Halloween en Nicaragua. ¡Ridículo! Nadie llegó.

Ahora se habla de no celebrar las Navidades y de no patrocinar establecimientos del Estado. Se recrudece el ambiente. Los autoconvocados continúan insistiendo en que el tirano y su familia se marchen de Nicaragua. Difícil tarea. Las cosas siguen, como se dice, en la cola de un venado porque Ortega no tiene intenciones de marcharse del país.

Con este trasfondo, el aparatoso y exhibicionista levantamiento gubernamental de costosos altares a la Purísima, siguiendo instrucciones de la Murillo, es una burla vulgar a la tradición popular de celebrar a la Virgen María en Nicaragua. Contradice totalmente el antagonismo declarado de Ortega contra el catolicismo y sus prácticas populares y reduce la celebración a oportunismo político. No engañará a nadie.

La lamentable realidad es que en Nicaragua no hay seguridad de nada. El turismo y el comercio están por el suelo. La economía en caída libre. No así los ánimos. Pero por ahí va la confianza del pueblo en las autoridades civiles y morales de Nicaragua y del exterior. La decisión de fomentar una Purísima gubernamental no va a satisfacer a nadie. Los nicaragüenses sentirán que el gobierno les habrá robado una celebración de fe que tradicional y popularmente le ha pertenecido al pueblo.

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