En Venezuela hasta los criminales se quejan de la merma en “sus ingresos”

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La delincuencia también ha resentido la grave crisis que afecta a Venezuela. Un reportaje de la agencia AP refleja claramente cómo la situación que vive el país hace que la delincuencia se queje de que “sus ingresos” han sido seriamente afectados.

El reportaje presenta a un pandillero llamado El Negrito para quien ahora “disparar un arma de fuego se ha convertido en un lujo”, ya que cada bala cuesta un dólar.

“Si disparas un peine (cargador), estás disparando 15 dólares”, dijo el El Negrito, quien tiene 24 años.

El problema es aún peor si pierde la pistola o la Policía se la quita, pues su valor es de 800 dólares.

Esta crisis en la delincuencia tiene su efecto positivo en las estadísticas sobre homicidios en un país catalogado entre los más violentos del mundo. El Observatorio Venezolano de Violencia indica que en los últimos tres años los homicidios han caído un 20%, estando este declive relacionado directamente a la crisis económica.

“La inflación disparada alcanzó un millón por ciento el año pasado, haciendo el bolívar local casi inútil a pesar de que los cajeros automáticos tampoco podían dar más del equivalente a un dólar. La grave escasez de comida y medicinas ha llevado a unos 3,7 millones de personas a buscar mejores perspectivas en lugares como Colombia, Panamá y Perú, en su mayoría hombres jóvenes, el tipo de persona al que intentan reclutar las pandillas. Y los días de trabajo suelen verse interrumpidos por huelgas nacionales”, explica el reportaje.

Sin embargo, aunque la crisis esté afectando a la delincuencia, ésta lejos de desaparecer más bien está cambiando.

Aunque se han reducido los robos a mano armada, suben los reportes de robos y hurtos de cualquier cosa desde cables telefónicos de cobre a ganado. El narcotráfico y la minería ilegal de oro se han convertido en actividades por defecto del crimen organizado”, explica.

El caso de El Negrito es un ejemplo de ello. Él lidera un grupo de mercenarios conocidos como los Crazy Boys, que a su vez forma parte de una red criminal en Petare, “una de las barriadas más grandes y temidas” de América Latina.
Él afirma que ahora su pandilla comente “solo” unos cinco secuestros al año, “mucho menos que en años anteriores”.

“Estos secuestros rápidos son un gran negocio. Normalmente, se captura a la víctima y se la retiene hasta 48 horas mientras sus seres queridos tratan de reunir todo el efectivo que pueden. Los captores se centran en la rapidez y en devolver rápido a la víctima, en lugar de en el tamaño del pago”, según relata AP.

Estos secuestros pueden terminar en la muerte de la víctima si sus familiares no cumplen con los términos de la demanda.

El líder criminal afirma que tiene dificultades para mantener a esposa y a su hija pequeña.

Lea el reportaje completo AQUÍ.

Foto: Referencial.

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