Compañera, ustedes no pasan a otro plano de vida, ustedes también se mueren

Columnas

Para usted, compañera Rosario, yo y el resto de la humanidad somos seres mortales condenados al olvido. Al contrario, usted, Daniel Ortega, Hugo Chávez, Fidel Castro, los grandes comandantes revolucionarios, los más encumbrados militantes del FSLN, son seres cuyos restos pasan a “otro plano de vida”, porque son incorruptos, son inmortales.

Su cosmovisión es esa, compañera, esa que la aleja de los simples mortales. Usted cree que hay hombres y mujeres que nacen con una estrella especial para gobernar, para sobresalir, para imponerse a aquellos miserables que no tuvieron la dicha de que Dios pusiera su mirada en el vientre materno que los protegió mientras eran expulsados al mundanal martirio.

Usted, compañera, nunca usa la palabra muerte al referirse a su futuro y el de los suyos. Para usted existen comandantes eternos, predestinados, espíritus inmortales, singulares, que desde otra dimensión la inspiran a seguir “siempre más allá”.

En usted hay un serio conflicto entre la cordura y su visión opiácea de las cosas. Compañera, créame, usted y yo seremos comida de gusanos. Compañera, cuando nuestros signos vitales se detengan, simplemente habremos muertos.

No hay otro plano de vida, no hay comandantes ni compañeras ni compañeros eternos, solo hay muertos. Usted lo sabe. Usted los podrá invocar, podrá hablar con ellos en su dimensión onírica de las cosas, pero usted no los revivirá, usted inventa esos espectros. Ellos no la guían, ellos no le marcan el camino, no, compañera. Cuando usted dijo “Vamos con todo” y asesinó a cientos, hirió a miles, desplazó a decenas de miles y atemorizó a millones, no fueron los espíritus de Sandino, de Carlos Fonseca, ni de los románticos guerrilleros en la lucha antisomocista, ni de los los miserables adolescentes caídos en la guerra de los años ochentas y mucho menos Chávez y Fidel, los que le hicieron tomar esa opción. No, compañera, fue usted misma.

Déjeme decirle, compañera, que usted no pasará a otro plano de vida, usted NUNCA será Compañera Eterna, usted simplemente habrá muerto.

Por: Carlos Mikel Espinoza. 

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