Los revolucionarios Disney de Nicaragua y sus comparsas parasitarias

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Revolucionarios Disney. Esos seres “incomprendidos” que comen Iphones y vomitan “Vergatorios”, comen Mercedes y vomitan “Ladas”, hablan de “igualdad” pero permanecen fieles a la máxima orweliana de que “algunos son más iguales que otros”. Los Revolucionarios Disney de Nicaragua no tienen nada que envidiarle sus pares de Venezuela: Mientras al populacho le recetan socialismo como una panacea a sus históricos males, ellos prefieren “sacrificarse” experimentando el más puro capitalismo, ellos viven en amplias casas, viajan en vehículos caros, van de paseo al extranjero, tienen negocios y empresas y, sí, hacen todo lo posible por mezclarse con la burguesía, esa mala hija “vendida al imperio”, “vendepatria” y “pelele”.

La vulgar irrupción de un grupo de simpatizantes del FSLN en la graduación del Colegio Centroamérica el viernes 22 de noviembre, dejó claro eso. Mientras hablan de las maravillas del sistema educativo público, y se lo recetan a los sandinistas que comen hoy sin saber si comerán mañana, ellos prefieren enviar a sus hijos a recibir la educación jesuita, esos curas que se han aliado con la “derecha” para darle golpe de Estado al Comandante Daniel y a la Compañera Rosario.

Y no digo que deben estar vedados de enviar a sus hijos al Centroamérica. Están en su derecho. El asunto es que por principios y dignidad revolucionarios, sus hijos deberían estar en la “Escuelita Héroes y Mártires” del barrio tal, disfrutando del modelo de educación rosado fucsia, donde impera el discurso “cristiano, socialista y solidario”.

Entre los defensores del Comandante que llegaron a amargarle la ceremonia a los bachilleres del Centroamérica, estaba el exviceministro de Educación, José Treminio, defenestrado en el 2014 por Rosario Murillo por haber incumplido las metas en educación. Nunca ha sido una lumbrera, nunca debió ser viceministro de educación. La verdad, nunca debió ser funcionario público, más que por falta de inteligencia, por falta de honestidad.

Treminio es el claro ejemplo de estos “Revolucionarios Disney”. Habla pestes del imperio, pero nunca agarraría sus maletas para irse con su mujer Marisela Caldera a vivir a Cuba, a vivir como un cubano al que le han recetado socialismo.

No es mística, es oportunismo

La familia Ortega Murillo pasó los once años anteriores a la Insurrección de Abril, creando y alimentando a estos especímenes y ahora les cobra factura mandándolos a hacer el ridículo nacional.

Treminio es de ese grupo de gente de la calaña de Fidel Moreno y Yasser Martínez, cuya fortuna personal nació con la llegada al poder de Daniel Ortega. Pero ellos son solo la cabeza visible. Detrás de ellos hay toda una caterva de funcionarios sandinistas (y sus familiares) que le deben lo que son al actual gobierno. No hay tal mística revolucionaria. Más que amor a Ortega y Murillo, lo que los mueve y los ha movido desde siempre es el oportunismo. ¿Cuántos de ellos no corren el riesgo de caer presos por enriquecimiento ilícito al amparo del Estado?

Revolucionarios VIP por herencia

Dentro de este grupo de Revolucionarios Disney hay una especie VIP, gente más encumbrada por “herencia” y no tanto por zalameros. Son hijos de comandantes y altos funcionarios de la época de los ochentas que en 1990 no salieron del gobierno como clase media siquiera, salieron como grandes potentados. Y qué mejor ejemplo de estos que los hijos del Comandante y la Compañera. Sus discursos “cheguevaristas”, “fidelistas” son una oda al anticapitalismo, de “muerte al imperio”, pero ¿qué tienen de revolucionarios y socialistas Juan Carlos, Laureano y la Camila? ¿Las cámaras de más de 70 mil dólares que maneja Difuso, jugar a ser roquero con dinero público? ¿Usar relojes Rolex, vestir como un ejecutivo, montar la Cavalleria Rusticana y soñar que de verdad sos tenor? ¿Intentar ser modelo de pasarela, pero a falta de percha convertirse a costa del Estado en mecenas de los nuevos talentos del diseño nicaragüense?

Comparsas y lacayos

Junto a ellos y en una relación simbiótica, hay especímenes más chapuseros. Son comparsas, simples vasallos, lacayos, cortesanos, bufones para hacer reír a sus patrones. Los hemos visto últimamente a 10 centímetros de Juan Carlos Ortega y lo vimos en el Colegio Centroamérica. Solo para citar ejemplos: ¿Alguien puede decirnos qué papel jugaba la presentadora de Canal 13 Verónica Gutiérrez en lo que sucedió en el colegio jesuitas sino el de bufona? ¿Qué papel juegan un grupo de periodistas junto a Juan Carlos Ortega en el video de su último “pronunciamiento” sino el papel de comparsa? El Chiqüín es el sol que los ilumina. Son un cero a la izquierda. Juan Carlos, o la familia Ortega, les permitió tener casas en urbanizaciones sandinistas, carros, y poder pagar mes a mes esas deudas gracias a sus buenos salarios. Su actitud más que revolucionaria es parasitaria: vivirán mientras viva el organismo que los alimenta.

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